Archivo para el mes Marzo, 2010

Miente…¡qué algo queda !

Según un grupo de investigación británico, una persona “normal” dice tres mentiras, de media, en una conversación de diez minutos, a las que hay que sumar unas cuantas omisiones, faroles y exageraciones sin más importancia. Eso sí, nuestros interlocutores sólo nos “pillan” en un 54% de las ocasiones.


Las mentiras se pueden volver algo habitual en la vida de las personas, y puede convertirse en un trastorno de la personalidad llamado pseudología fantástica, lo que comúnmente conocemos como mitomanía…

Las razones más comunes por las que alguien miente son las siguientes:

• Para satisfacer su propia vanidad.

• Para obtener cierto absurdo placer a través de invenciones.

• Para demostrar poder o control ante los demás.

• Para dañar a los demás con rumores o falsas acusaciones.

• Para conseguir estima, atención y afecto de los demás.

• Para así poder compensar su propia inseguridad.

¿Cuándo el uso de la mentira se puede convertir en algo enfermizo?

La forma extrema del engaño se conoce como “pseudología fantástica” o mitomanía, una tendencia a mentir compulsivamente según la cual personas inteligentes, necesitadas de estima, cuentan historias buscando protagonismo y llegan a creérselo.

La mitomanía o pseudología, no aparece en las clasificaciones actuales, debiendo considerarse, por lo tanto, como un síndrome o síntoma dentro de otra entidad nosológica, especialmente en diversos trastornos de la personalidad.

Como cuadros más frecuentes en los que puede aparecer, tenemos los siguientes:

a) Personalidad histriónica.–”:Los relatos tendrían como protagonista (héroe o víctima) al sujeto (masculino o femenino), siendo frecuentes los temas relacionados directamente o indirectamente con la sexualidad, A este tipo de personas K. SCHNEIDER las denomina “necesitadas de estimación”, aunque ahí se podría incluir también otros trastornos de la personalidad de la nosología actual (narcisistas, borderline, etcétera).

b) Personalidades sociopáticas. Los relatos imaginarios tendrían como objetivo aparecer como héroe o víctima, justificar conductas actuales, ocultar un hecho delictivo o, inclusive, cometer un delito, amparándose en un relato falso o en una falsa identidad, siendo difícil distinguir en estos casos entre la mitomanía y la simple mentira o simulación…

c) Personalidad Borderline.-Como una forma de aumentar la autoestima a los propios ojos y a los de los demás, o bien como una gratificación narcisista e idealización del yo. Estos pacientes tienen una fuerte tendencia a actuar sus propias fantasías…

d) Personalidad narcisista.-Suelen tener fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez personal, belleza o amor ideal  que a veces relatan como si fueran hechos reales…

e) Personalidad inmadura.-Aquí la pseudología estaría emparentada (quizá igual que en otros casos, pero de manera más evidente) con la dificultad infantil de distinguir entre fantasía y realidad…

f) Síndrome de Münchausen.-Que en las clasificaciones actuales aparece como “trastorno ficticio” en el que el paciente simula los síntomas de una enfermedad física, provocando múltiples hospitalizaciones, y a veces intervenciones quirúrgicas…

¿Hay Tratamiento?

Lo mejor: prevenir, porque el ejemplo empieza en casa…

La mitomanía no es una enfermedad hereditaria, pero sí se puede aprender.

Conviene diferenciar la mentira de la fabulación. De 5 a 6 años, inventan historias pero no diferencian entre verdades y mentiras. Luego, son conscientes de que mienten, y ahí entran en juego diferentes tipos de mentira.

La primera es aquella ligada a la fantasía, por ejemplo, cuando dicen que hay monstruos en el cuarto. Esto es una parte normal del desarrollo.

El segundo grupo de mentiras se llaman compensatorias. Representan un problema emocional, una carencia afectiva. Las usa un niño al que le falta algo y lo compensa con mentiras, por ejemplo al que le falta el papá inventa que fue con él al parque.

El tercer grupo son las utilitarias, aquellas que buscan una utilidad. Se pueden dividir en dos: una en la que el niño miente para evitar un castigo; y la segunda en la que el niño miente como una forma de no asumir sus responsabilidades echándoles la culpa a otros.

Para evitar que un niño aprenda a decir mentiras sus padres deben inculcarle valores, responsabilidad e integridad. Debe vivir en un hogar donde reine la honestidad y el buen ejemplo, porque de nada sirve enseñarles a no mentir si es lo que los padres hacen a diario.

A quienes viven con un mentiroso compulsivo, los expertos les recomiendan confrontarlo y cerrarle el paso para evitar que esa mitomanía crezca como una bola de nieve.

Hay que llevarlo a un principio de realidad en el que se dé cuenta de que no puede fantasear, porque el choque con la verdad es duro. Por encima de cualquier cosa, no se le debe seguir la cuerda.

No es fácil que los mitómanos reconozcan su condición, pero una vez se da ese paso es posible ayudarles con terapias para descubrir lo que les sucede.


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¿Qué son las ECM?

Las experiencias cercanas a la muerte o ECM son  percepciones del entorno narradas por personas que han estado a punto de morir o que han pasado por una muerte clínica y han sobrevivido. Hay numerosos testimonios, sobre todo desde el desarrollo de las técnicas de resucitación cardiaca.

¿Cuál es su incidencia?

Según algunas estadísticas, podrían suceder aproximadamente a una de cada cinco personas que superan una muerte clínica.

¿Porqué suceden las ECM?

Existen diversas hipótesis entre las que conviene destacar:

Hipótesis

Espiritual

Aquellos que son creyentes en alguna religión o ideología han visto en las ECM una prueba de que la mente o el alma se separa del cuerpo físico que actúa como soporte material del mismo para dirigirse a “otro sistio”. Curiosamente los “no-creyentes” sufren las ECM con igual frecuencia que las personas impregnadas de sentimientos religiosos.

En la práctica se ha realizado experimentos, particularmente con la fase de estar “fuera del cuerpo” (OBE: out-of-body experience) como poner en el techo de la sala donde se encontraba el moribundo dibujos fuera del alcance de su vista con objeto de poder apreciar si durante dicha “salida” era capaz de verlos. Los resultado, desgraciadamente, no han sido satisfactorios.

Psiquiátrica-psicológica

Algunos psiquiatras han sugerido que las ECM son una forma de despersonalización, de disociación, que actúa como defensa ante la amenaza de muerte en situaciones de extremo peligro.

Disociación: “respuesta adaptativa a un trauma físico o emocional intolerable” La disociación es la capacidad de abstraerse de la realidad. Este tipo de respuesta aparece en algunas víctimas de trauma (secuestros, violaciones…) que, inconscientemente, intentan evitar esta realidad desagradable con fantasías más apacibles.

Es importante señalar, de todas formas, que las ECM y la disociación, no se trata del mismo tipo de fenómeno, ya que las ECM son percibidas como completamente reales, al contrario que la despersonalización típica. Así mismo, las ECM se diferencian de la despersonalización en que lo alterado no es el sentido de la identidad propia (la “yo-idad”), sino la asociación de esta identidad con las sensaciones corporales.

Fisiológica

Hace ya muchos años se estableció la hipótesis de la anoxia (falta de oxígeno, particularmente a nivel cerebral). Esta analogía se dedujo por las similaridades entre las ECM y las G-LOC (Gravity-induced Loss Of Consciousness): cuando un piloto de avión de caza  tira fuertemente de los mandos para ascender, la fuerza centrífuga les empuja contra el asiento con una magnitud que es varias veces la de la gravedad, por lo que la sangre se les baja a los pies. Así, el cerebro se queda sin oxígeno y se produce lo que se llama un black-out: va desapareciendo la visión periférica, cerrándose el campo visual en un túnel hasta que, por fin, se pierde el conocimiento.

Dado que la zona de máxima visión es la parte central de la retina, el campo visual se reduce “formando” un túnel de luz. Esto podría explicar tan solo la sensación de reducción de la luz.

En cualquier caso, de momento podemos explicar la visión de túnel, pero no otros fenómenos como las visiones divinas y los flashbacks de memoria. En este sentido, ciertos trastornos epileptiformes del lóbulo temporal se han asociado con la aparición de sentimientos místicos, los mismos que en la ECM. Y esta región cerebral es especialmente sensible a la anoxia que ocurre en una situación de hipoperfusión, lo cual apoyaría la teoría.

Respecto a las sensaciones de bienestar y paz, se ha especulado con la secreción endógena de endorfinas. Esto concordaría con el hecho de que aquellas personas en las que se ha empleado naloxona (un antagonista de endorfinas) durante la reanimación reportan ECM’s más bien desagradables.

Y, por último, algunos investigadores han relacionado las ECM con la secreción de serotonina, que explicaría las alucinaciones místicas. Otros, por su parte han dicho que podía tratarse de un trastorno disociativo análogo al producido por la ketamina, pasando por alto que las alucinaciones de ésta tienden a ser terroríficas e irreales.

En cualquier caso, de todas las explicaciones proporcionadas sobre una base fisiológica, no todas parecen plausibles, y, de las verosímiles, ninguna cubre todos los sucesos que ocurren en una ECM. Asimismo, también hay descritas ECM’s en ausencia de daño físico, donde la relevancia de estos mecanismos fisiológicos quedaría muy en entredicho.

Los pacientes que han asegurado vivir este tipo de fenómenos coinciden en un patrón general, aunque no todos atraviesan todas estas fases:

  1. El paciente se siente flotar sobre su cuerpo, y ve el dormitorio, el quirófano o el lugar en el que se encontraba, e incluso oye la declaración de su propio fallecimiento.
  2. Después, siente que se eleva y que atraviesa un oscuro túnel mediante una escalera o flotando en el vacío, y con una relativa rapidez.
  3. Ve aparecer una figura al final del túnel
  4. El paciente pasa a ser espectador, no siente dolor ni molestias: sólo percibe una paz interior.
  5. Algunas personas, sin embargo, aseguran haber tenido experiencias terroríficas en el más allá.
  6. Familiares o amigos difuntos van a su encuentro.
  7. Aparece una presencia o voz que se define en función de las creencias religiosas del paciente (puede tratarse de Jesucristo, de un ángel, etc.), y se establece un diálogo sin palabras con ese ser que parece conocer todo sobre el moribundo.
  8. Se presenta una visión global pero íntegra de lo vivido, como si viese “su película”.
  9. El sujeto se ve delante de un obstáculo: una puerta o un muro y toma conciencia de que aún no ha muerto, y aunque sigue sintiendo una paz y tranquilidad indescriptibles y acogedoras, se da cuenta, y también eso le indican sus acompañantes, de que debe volver.

¿Qué hacer si uno mismo o alguien cercano ha tenido una ECM?

1-      En primer lugar la aceptación de dicha experiencia. Muchas personas lo ocultan de una manera vergonzosa. La familia debe saber escuchar la realidad de un fenómeno que, hoy por hoy, tiene difícil explicación.

2-        En sí mismas, las ECM suelen ser reconfortantes pero es positivo hablar sobre ellas con terceras personas para aclarar conceptos. Si se es creyente, un sacerdote puede dar buena cuenta de las ECM.

3-        Si, además, ha ocasionado algún desajuste psicológico una visita al psicólogo podría ser aconsejable.

Si quieres saber más puedes ir a “Proyecto túnel” o bien agregarte a su autor en:


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Etimológicamente la palabra dislexia quiere decir dificultades de lenguaje; se refiere a problemas de lectura o trastorno en la adquisición de la lectura. Una definición sencilla de la dislexia puede ser la de un problema en el aprendizaje de la lectura que presentan niños cuyo cociente intelectual es normal y no aparecen otros problemas físicos o psicológicos que puedan explicar  dichas dificultades.

Se caracteriza porque las adquisiciones del individuo en el ámbito de la lectura, la escritura y el deletreo están muy por debajo del nivel esperado en función de su inteligencia y de su edad cronológica. Es un problema de índole cognitivo, que afecta a aquellas habilidades lingüísticas asociadas con la modalidad escrita, particularmente, el paso de la codificación visual a la verbal, la memoria a corto plazo, la percepción de orden y la secuenciación.

¿Cuáles son sus síntomas?

La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje, por lo que los síntomas cambian a medida que el niño crece o evoluciona. Desde la etapa preescolar es posible apreciar pequeños detalles que pueden hacernos sospechar que un niño es disléxico. Entre los 6 y los 11 años los síntomas son más evidentes o, al menos, más conocidos. A partir de los 12 años se hacen muy claras las alteraciones del aprendizaje.

Para que un niño sea disléxico no hace falta que presente todas los síntomas que a continuación se detallan, aunque tampoco lo es por presentar sólo alguno de ellos:

  1. Preescolares (niños de 3 a 5 años):
    • Desarrollo lento del vocabulario y retraso en el desarrollo del habla con dificultades para articular o pronunciar las palabras.
    • Torpeza al correr y saltar.
    • Dificultad para seguir instrucciones y aprender rutinas.
    • Falta de atención y aumento de la actividad e impulsividad.
    • Dificultad para abotonar y abrochar o subir un cremallera.
    • Retraso para memorizar los números, el abecedario, los días de la semana, los colores y las formas.
    • Falta de control y manejo del lápiz y de las tijeras.
    • Aparición de conductas problemáticas en sus habilidades sociales.
  2. Escolares (niños de 6 a 11 años):
    • Invierte letras, números y palabras.
    • Confunde el orden de las letras dentro de las palabras.
    • Traspone las letras, cambia el orden e invierte números.
    • Dificultad para conectar letras y sonidos y en descifrar palabras aprendidas.
    • Presenta dificultad en la pronunciación de palabras, invirtiendo, sustituyendo o invirtiendo sílabas.
    • Confunde derecha e izquierda y escribe en espejo.
    • Su coordinación motora es pobre, se confunde con facilidad y es propenso a accidentes.
    • No agarra bien el lápiz.
    • Su trastorno en la coordinación motora fina le da mala letra y pobre caligrafía.
    • No completa una serie de instrucciones verbales.
    • Su comprensión lectora es pobre. Es lento para recordar información.
    • Tiene problemas acerca del tiempo y no logra saber hora, día, mes y año.
    • No logra escribir pensamientos, ni organizarlos; su gramática y ortografía son deficitarias.
    • Muestra dificultad en el aprendizaje de conceptos numéricos básicos y no puede aplicarlos en cálculos o para resolver problemas.
  3. De 12 años en adelante:
    • Tiene problemas de concentración cuando lee o escribe.
    • Falla en la memoria inmediata, no recordando lo leído por su dificultad con la comprensión de la lectura, el lenguaje escrito o las destrezas matemáticas.
    • Interpreta mal la información, por su falta de comprensión de conceptos abstractos y porque lee mal.
    • Muestra dificultades en organizar el espacio, sus materiales de trabajo, y sus pensamientos al escribir o al hablar.
    • No logra planificar su tiempo ni tiene estrategias para terminar a tiempo sus tareas.
    • Trabaja con lentitud y no se adapta a ambientes nuevos.
    • No funcionan sus habilidades sociales y no logra hacer amigos ni entender las discusiones.
    • Finalmente evita leer, escribir y las matemáticas y se bloquea emocionalmente.

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