Miente…¡qué algo queda !
Escrito por adminMar 24
Según un grupo de investigación británico, una persona “normal” dice tres mentiras, de media, en una conversación de diez minutos, a las que hay que sumar unas cuantas omisiones, faroles y exageraciones sin más importancia. Eso sí, nuestros interlocutores sólo nos “pillan” en un 54% de las ocasiones.
Las mentiras se pueden volver algo habitual en la vida de las personas, y puede convertirse en un trastorno de la personalidad llamado pseudología fantástica, lo que comúnmente conocemos como mitomanía…
Las razones más comunes por las que alguien miente son las siguientes:
• Para satisfacer su propia vanidad.
• Para obtener cierto absurdo placer a través de invenciones.
• Para demostrar poder o control ante los demás.
• Para dañar a los demás con rumores o falsas acusaciones.
• Para conseguir estima, atención y afecto de los demás.
• Para así poder compensar su propia inseguridad.
¿Cuándo el uso de la mentira se puede convertir en algo enfermizo?
La forma extrema del engaño se conoce como “pseudología fantástica” o mitomanía, una tendencia a mentir compulsivamente según la cual personas inteligentes, necesitadas de estima, cuentan historias buscando protagonismo y llegan a creérselo.
La mitomanía o pseudología, no aparece en las clasificaciones actuales, debiendo considerarse, por lo tanto, como un síndrome o síntoma dentro de otra entidad nosológica, especialmente en diversos trastornos de la personalidad.
Como cuadros más frecuentes en los que puede aparecer, tenemos los siguientes:
a) Personalidad histriónica.–”:Los relatos tendrían como protagonista (héroe o víctima) al sujeto (masculino o femenino), siendo frecuentes los temas relacionados directamente o indirectamente con la sexualidad, A este tipo de personas K. SCHNEIDER las denomina “necesitadas de estimación”, aunque ahí se podría incluir también otros trastornos de la personalidad de la nosología actual (narcisistas, borderline, etcétera).
b) Personalidades sociopáticas. Los relatos imaginarios tendrían como objetivo aparecer como héroe o víctima, justificar conductas actuales, ocultar un hecho delictivo o, inclusive, cometer un delito, amparándose en un relato falso o en una falsa identidad, siendo difícil distinguir en estos casos entre la mitomanía y la simple mentira o simulación…
c) Personalidad Borderline.-Como una forma de aumentar la autoestima a los propios ojos y a los de los demás, o bien como una gratificación narcisista e idealización del yo. Estos pacientes tienen una fuerte tendencia a actuar sus propias fantasías…
d) Personalidad narcisista.-Suelen tener fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez personal, belleza o amor ideal que a veces relatan como si fueran hechos reales…
e) Personalidad inmadura.-Aquí la pseudología estaría emparentada (quizá igual que en otros casos, pero de manera más evidente) con la dificultad infantil de distinguir entre fantasía y realidad…
f) Síndrome de Münchausen.-Que en las clasificaciones actuales aparece como “trastorno ficticio” en el que el paciente simula los síntomas de una enfermedad física, provocando múltiples hospitalizaciones, y a veces intervenciones quirúrgicas…
¿Hay Tratamiento?
Lo mejor: prevenir, porque el ejemplo empieza en casa…
La mitomanía no es una enfermedad hereditaria, pero sí se puede aprender.
Conviene diferenciar la mentira de la fabulación. De 5 a 6 años, inventan historias pero no diferencian entre verdades y mentiras. Luego, son conscientes de que mienten, y ahí entran en juego diferentes tipos de mentira.
La primera es aquella ligada a la fantasía, por ejemplo, cuando dicen que hay monstruos en el cuarto. Esto es una parte normal del desarrollo.
El segundo grupo de mentiras se llaman compensatorias. Representan un problema emocional, una carencia afectiva. Las usa un niño al que le falta algo y lo compensa con mentiras, por ejemplo al que le falta el papá inventa que fue con él al parque.
El tercer grupo son las utilitarias, aquellas que buscan una utilidad. Se pueden dividir en dos: una en la que el niño miente para evitar un castigo; y la segunda en la que el niño miente como una forma de no asumir sus responsabilidades echándoles la culpa a otros.
Para evitar que un niño aprenda a decir mentiras sus padres deben inculcarle valores, responsabilidad e integridad. Debe vivir en un hogar donde reine la honestidad y el buen ejemplo, porque de nada sirve enseñarles a no mentir si es lo que los padres hacen a diario.
A quienes viven con un mentiroso compulsivo, los expertos les recomiendan confrontarlo y cerrarle el paso para evitar que esa mitomanía crezca como una bola de nieve.
Hay que llevarlo a un principio de realidad en el que se dé cuenta de que no puede fantasear, porque el choque con la verdad es duro. Por encima de cualquier cosa, no se le debe seguir la cuerda.
No es fácil que los mitómanos reconozcan su condición, pero una vez se da ese paso es posible ayudarles con terapias para descubrir lo que les sucede.



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